Escribir es para algunos una necesidad
personal. Pero hacer literatura cristiana trasciende lo individual y es como un
sacerdocio o un ministerio, que tiene llamado, responsabilidad y compromiso. Si
eres un cristiano (o cristiana) con una necesidad imperiosa de escribir y
publicar un libro, debes primero tener en cuenta ciertas realidades.
• Olvida la idea de que te harás millonario
como autor. Ni siquiera de que podrás vivir de tus libros. Eso es algo tan
ilusorio como jugar béisbol pensando en el salario de las grandes ligas. Es
cierto que hay algunas personalidades que obtienen jugosas ganancias con sus
libros, pero son excepciones ligadas a grandes campañas de mercadeo.
Te invito a que demos rienda
suelta a la imaginación. Pensemos que con sólo desear podemos viajar por el
tiempo y espacio. Te invito a visitar un lugar de Galilea en el último tercio
del primer siglo. Nos encontramos en una callejuela, frente a una rústica
ventana, por ella podemos ver a un hombre sentado junto a una pequeña mesa,
inclinado sobre un papiro.
Acerquémonos más. ¡Hola!,
buenas tardes, me han informado que usted es Mateo, ¿escribiendo sus memorias?_
Él, levanta la vista del
rollo y mira la ventana sin inmutarse. Como si conversara con cualquier vecino
de Galilea.
─Acabo de registrar la historiadel paso de Jesús por Genesaret. Anteel reclamo de los fariseos y escribas de que sus discípulos no
cumplíamos las tradiciones de los ancianos,el maestro lesrespondió
duramente;los acusó de hipócritas pues
adoraban a Dios sólo de labios. También nos enseñó que lo que contamina a la
persona no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella. [1]
¿sabes una cosa? La gracia de Dios estuvo tan cerca de ellos...entre ellos...
pero no la pudieron ver, al igual quemuchos de nosotros_Mientras murmura, el anciano juguetea con la
pluma entre sus dedos.
─Fueron tan pocos los que lograron anticiparla. Bendita gracia de Dios,
abundante, inagotable. ¡0h!Casi lo había olvidado_De pronto
el apóstol sacude su cabeza y
una sonrisa se escapa de sus
labios ajados. Los recuerdos acuden uno tras otro como perlas engarzadas en un
collar y su sonrisa se convierte en risa franca. Cierra sus ojos para ayudarse
a recobrar los colores y sonidos de aquella historia.
─Mateo, ¿qué pasa?, ¿recordó
algo?, por favor cuéntenos