Destacamos

   Libro Diez Joyas de Felicidad, 
libro escrito por Felicidad Houghton
Descargala GRATIS !!!!!!!
Ir al link Descargas de Libros 

 
powered_by.png, 1 kB
Inicio arrow Rincon de lectura arrow Un Diálogo Sobre la Gracia de Dios
Un Diálogo Sobre la Gracia de Dios PDF Imprimir E-Mail

manos.gifUN DIÁLOGO SOBRE LA GRACIA DE DIOS

Lourdes Cordero

 

Te invito a que demos rienda suelta a la imaginación. Pensemos que con sólo desear podemos viajar por el tiempo y espacio. Te invito a visitar un lugar de Galilea en el último tercio del primer siglo. Nos encontramos en una callejuela, frente a una rústica ventana, por ella podemos ver a un hombre sentado junto a una pequeña mesa, inclinado sobre un papiro.

 

Acerquémonos más. ¡Hola!, buenas tardes, me han informado que usted es Mateo, ¿escribiendo sus memorias?_

 

Él, levanta la vista del rollo y mira la ventana sin inmutarse. Como si conversara con cualquier vecino de Galilea.

 

  ─Acabo de registrar la historia  del paso de Jesús por Genesaret. Ante  el reclamo de los fariseos y escribas de que sus discípulos no cumplíamos las tradiciones de los ancianos,  el maestro les  respondió duramente;  los acusó de hipócritas pues adoraban a Dios sólo de labios. También nos enseñó que lo que contamina a la persona no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella. [1] ¿sabes una cosa? La gracia de Dios estuvo tan cerca de ellos...entre ellos... pero no la pudieron ver, al igual que  muchos de nosotros_  Mientras murmura, el anciano juguetea con la pluma entre sus dedos.

 

  ─Fueron tan pocos los que lograron anticiparla. Bendita gracia de Dios, abundante,  inagotable. ¡0h!  Casi lo había olvidado_   De pronto el apóstol sacude su cabeza y

una sonrisa se escapa de sus labios ajados. Los recuerdos acuden uno tras otro como perlas engarzadas en un collar y su sonrisa se convierte en risa franca. Cierra sus ojos para ayudarse a recobrar los colores y sonidos de aquella historia.

 

─Mateo, ¿qué pasa?, ¿recordó algo?, por favor cuéntenos



[1] Mateo 15.1-20

─Después de salir de Genezaret el Señor nos llevó a la región de Tiro y Sidón. En esos días, ni yo ni el resto de los discípulos logramos entender porqué el maestro eligió ir a estas ciudades. Era gente pagana, ¿qué cosa buena podía encontrar?_ Junto  a la ventana, aprovechando esa gracia de poder saltar en el tiempo, le pregunto. ¿Dice que fueron a la región de Tiro y Sidón?, es decir,  fuera de las poblaciones judías.

 

Si, fuimos a  Tiro y Sidón2. Seguramente a ningún profeta se le ocurrió pensar que el Mesías caminaría por esas rutas. Los sidonios eran conocidos como expertos marinos y hábiles tejedores.  Su historia fue azarosa pues fueron subyugados por  los egipcios, asirios, babilonios, persas, griegos, los seleucidas y ahora por los romanos. Es conocida la historia de que ante un sitio del rey de Persia prefirieron inmolarse. Quemaron su flota de barcos, incendiaron sus hogares y perecieron con sus esposas e hijos. Murieron quemados unos 40000 sidonios.

 

Tiro fue conocida como una ciudad muy rica, con un comercio extenso. Su poder y grandeza se ve en el hecho que exitosamente  resistieron el poder de grandes reyes tales como Tiglath-Pileser, Salmanasar y Nabucodonosor.  Fue conquistada por Alejandro el Grande, y en el año 40 antes del nacimiento de nuestro Señor,  no pudo ser tomada por los partos[1].

 

Bueno, basta de historia.  Ese día  A propósito, tú tampoco eres de aquí ¿verdad?_  Sus ojos me recorrieron de arriba abajo ─pero está bien, si quieres escuchar esta historia

Ese día llegamos a esa región temprano, antes que el sol se pusiera en lo alto. Como muchas veces, íbamos charlando. De pronto unos gritos nos sobresaltaron. Una mujer, a quien con toda seguridad le tenía sin cuidado lo que pensara la gente venía detrás de nosotros...gritando, ¡qué digo! Pegando alaridos. Aún los recuerdo como si fuera hoy  “¡Señor, tú que eres el Mesías, ten compasión de mí y ayúdame! ¡Mi hija tiene un demonio que la hace sufrir mucho!”

 

Mientras ella venía detrás de nosotros gritando, el Señor...callado, como si nada pasara. Y la mujer dale con sus alaridos: “Señor,  Hijo de David, ten misericordia de mí”_

 

Que situación tan incomoda para ustedes_  Digo tímidamente

 

─Así fue, como el Señor no decía ni hacía nada y nosotros  ya estábamos con los nervios a flor de piel nos acercamos más al Maestro y le dijimos:Rabí, esa mujer viene detrás de nosotros desde hace buen rato, te rogamos que la atiendas”_

 

Y yo que no puedo con mi curiosidad le pregunto ─¿una mujer?, ¿no es raro que una mujer ande sola y además gritando?, ¿quién era ella?_

 

Por su acento sabíamos que  no era judía. Más tarde nos enteramos que esta mujer era de ascendencia siria y que vivía en Fenicia. Si mal no recuerdo su nombre era Justa y el de su hija Berenice. [2]  ─Y ahora déjame a mi preguntar─interrumpió el relato─ ¿por qué crees que ella actuaba así?_

 

Sorprendida le respondo, ─pues creo que es obvio, necesitaba ayuda, tenía una hija que sufría mucho y ella quería verla sana_

 

─Es verdad, es obvio, ─continúa su reflexión mientras hace una breve anotación. ─¿te das cuenta que esta mujer vivió un profundo significado teológico de la gracia de Dios? Es seguro  que ella no era teóloga, pero me atrevo a decir que supo vivir una teología profunda, aunque desconociera estos términos_

 

No se conformó con su situación de opresión. Quizá  ella recurrió a médicos y curanderos,  o talvez  no. Lo que no hizo fue quedarse en su casa sólo lamentándose por su sufrimiento. Me imagino que ese día, en el mercado,  oyó el chisme sobre la llegada de Jesús. Y,  sin perder tiempo de allí corrió por las calles buscando al Salvador  A eso llamo un conocimiento de la gracia de Dios. Esta mujer estaba consciente de su situación. Su necesidad la llevo por el camino correcto, la  llevo a buscar ayuda, a creer que recibiría ayuda_

 

─Tienes razón,─ me animo a hacer un comentario, ─¿cómo puede alguien disfrutar de la gracia de Dios si antes no reconoce su condición y su necesitad? La gracia divina resplandece en medio del contraste del pecado. En los tiempos que vivo, llamados posmodernos, pese a los grandes males que vivimos de pobreza, corrupción e intolerancia; no siempre queremos ver esta realidad. Muchos cristianos sólo quieren ser felices “como un corcho en las olas.” [3] Algunos, creen ser merecedores de la gracia de Dios, ¡qué contradicción! Olvidan que todo ser humano nada puede hacer por si mismo para aliviar o cambiar su condición, sólo le queda esperar un milagro, depositar su fe en Dios __

 

Estoy de acuerdo, otra vez el anciano deja reposar su pluma. Y esto no quiere decir que  la gracia de Dios sea limitada, de ninguna manera, ella es como una fuente de agua viva,  inagotable, abundante, lista para ser bebida. ¡Un momento!, por un buen rato hemos hablado de la gracia de Dios, ¿puedes definirla?_  Su pregunta me toma desprevenida.

 

─Aquí  sí que me agarró señor Mateo. Tengo que confesarle que me es difícil, creo que el significado de la gracia divina es amplio:  perdón infinito, don inmerecido, misericordia, gratuidad, recreación, amor inagotable, aceptación humilde...

 

─Te entiendo, a mi me pasa algo parecido, me regala una sonrisa cómplice. Y es que la gracia más que un concepto es una experiencia, cuando queremos definirla no podemos abarcarla completamente_

 

─Perdón, creo que nos desviamos de la historia─ le miro a los ojos y le sonrio.─ ¿qué hizo el Señor Jesús cuando sus discípulos le pidieron que atendiera a la mujer? _

 

─El  Maestro rompió su largo silencio.─Aunque sus ojos me devuelven la mirada, en realidad él se ha traslado a otro tiempo y lugar ─Mirándola dijo: “Dios me envió para ayudar sólo a los israelitas, pues ellos son para mí como ovejas perdidas” Estoy seguro que ella escuchó sus palabras, pues ya estaba cerca. ¿qué crees que hizo la mujer?,  ¿darse media vuelta? Pues no, en dos trancos llego al lado de Jesús, se puso de rodillas y dijo  “¡Señor, ayúdame!” Su pedido era una mezcla de exigencia y gemido, ¿me entiendes? _

 

Creo que si. Cuando el dolor nos atenaza nos aferramos a la esperanza con uñas y dientes. Esas palabras eran una expresión de su desesperación, de su lucha, pero también de su fe, de su esperanza_

 

Sin dejarla de mirar el  Señor continúo. “No es correcto quitarle la comida a los hijos para echársela a los perros.” ¿Tienes idea de lo que dijo?_  Junto con la pregunta se puso de pie.

 

Imagino que era algo parecido a un insulto.  La expresión “perro” era despectiva...

 

No seas tan delicada, el contraste que el maestro  usó entre “hijos y perros” era una completa  grosería, y nadie mejor que los gentiles entendían esta expresión. Yo y el resto de los discípulos  nos miramos unos a otros con las cejas levantadas. Si no lo hubiéramos escuchado no lo creeríamos_

 

Y...¿qué pasó? ¿se fue?_ yo también me agito.

 

Si la respuesta de Jesús nos sorprendió, la respuesta de la mujer nos dejó con la boca abierta.—“Señor, eso es cierto,” le dijo con voz tranquila. “Pero aun los perros comen de las sobras que caen de la mesa de sus dueños.” Dime si esta mujer no hacia teología mejor que muchos teólogos profesionales_

 

Claro que si. Ella le da a entender a nuestro Señor que esta conciente de su condición de miseria, acepta de buena gana el apelativo “perro”. En otras palabras le dice. –Tienes razón, no merezco nada de ti y tampoco tengo algo para ofrecerte. Por otro lado tengo una gran necesidad y creo que sólo puedo esperar de ti un favor, un don inmerecido_ 

 

No todos tienen esa claridad de mente y corazón para ver estas verdades eternas, ¿verdad?_

 

Es cierto, en mi mundo necesitamos este tipo de mujeres. Personas que  adopten “hijos e hijas” sometidos por pecados estructurales que actúan como demonios, por ejemplo la pobreza, la violencia, la ambición y la corrupción. Necesitamos reconocer que somos cómplices de estos pecados estructurales. Nuestro mundo necesita de personas que más allá de entender intelectualmente qué es y como obra el pecado en la persona y la sociedad amen a las y los pecadores al punto de gastarse para su liberación.  Necesitamos ver y palpar la gracia de Dios en hechos concretos de amor. Perdón, creo que otra vez te desvié de la historia.  Cuéntame cómo terminó.

 

Bueno, creo que puedes imaginarte fácilmente. El señor la alabó por su fe y suplió su necesidad. Le dijo: “¡Mujer, tú sí que tienes confianza en Dios! Lo que me has pedido se hará.” Y en ese mismo instante su hija quedó sana. La gracia de Dios en Cristo llegó como agua fresca para calmar la sed que tenía Justa. Me imagino que de donde vienes conocen a nuestro Señor Jesucristo, ¿historias como ésta se repiten?

 

Si, pero no tantas como me gustaría ver  y escuchar. Como te decía, necesitamos que la gracia de Dios se manifieste en nosotros y a través de nosotros en obras de amor a favor de los necesitados. Muchas gracias por regalarme tu tiempo para contarme esta historia. Ahora debo irme;  ¡ah!... No te olvides de escribir esta historia en tus memorias. Poco a poco me alejo de la ventana y dejo a Mateo con sus recuerdos.  

 



[1] Mateo 15. 22-28.

 

[2] Según la tradición cristiana se cree que así se llamaban la madre e hija de este relato.

[3] Frase tomada de Elsa Támez. Revista Signos, sep. 2005, Pag. 5.

Modificado el ( miércoles, 31 de marzo de 2010 )
 
< Anterior   Siguiente >

Publicaciones

jess_modelo.jpg
© 2010 Editorial Lampara-Libros que edifican tu vida
Joomla! es Software Libre distribuido bajo licencia GNU/GPL.